El quedar embarazada es unas de las mayores alegrías ver cómo se desarrolla tu embarazo, las
expectativas que te imaginas al momento de que tu bebé nazca, ¿cómo será? ¿A qué escuela
irá? Te lo imaginas en el festival del día de las madres, etc. Disfrutas durante un tiempo de la
enorme felicidad que supone es tener un hijo, un niño que todo el mundo considera que se
desarrolla como cualquier otro.
Sin embargo, en un momento del desarrollo, normalmente a partir del primer año, empiezan a
aparecer ciertos comportamientos que desconciertan a los padres, síntomas que les provocan
una inquietud que aumenta con el paso del tiempo. El rechazo al contacto afectivo, la falta de
respuesta a las instrucciones verbales, el juego repetitivo, son aspectos que impactan
profundamente.
En muchas ocasiones, ante estas señales, los padres buscamos respuestas en los profesionales,
especialmente en los pediatras, respuestas que no encuentran. El hecho de que la mayoría de
los niños con autismo no presentan alteraciones físicas evidentes que dificulta la toma de
conciencia del problema.
Evaluaciones, dolorosas y tardías, negación ante el diagnóstico que a todos cómo padres nos
aterran, y es ahí donde empieza la nueva aventura.
La toma de conciencia en el caso del autismo es especialmente difícil puesto que se trata de un
trastorno que no es notorio y como padres es difícil detectarlo, entre otros aspectos:
- Amplia variabilidad del pronóstico
- Ausencia de marcadores biológicos
- Dificultad de los padres para detectar síntomas tan sutiles, como los que
caracterizan al autismo en sus primeras etapas. - Gran variabilidad que presenta.
Como todo proceso requiere su tiempo y es preciso pasar por él. Los padres atravesamos por
un proceso que implica hipersensibilidad, fragilidad emocional, incertidumbre respecto a la
situación familiar, sentimientos de culpabilidad, y enojo.
Siempre hay un sentimiento de pérdida al tener un hijo con una discapacidad. Los padres
tenemos que renunciar a la expectativa que todo padre tiene de tener un hijo sin ninguna
dificultad.
Un hijo en el que se había puesto grandes ilusiones y esperanzas, una pérdida de planes y
expectativas referente al futuro del niño y la familia.
Este periodo es peligroso para las familias puesto que pueden terminar creyendo a las
personas que les dan más esperanzas, sin analizar a fondo la base de sus argumentos y
retrasando la búsqueda de intervenciones eficaces.
Argelia Garcia
Madre de una persona con Autismo
Fundadora y Directora de Tu Mundo Es Mi Mundo
Asociación sin fines de lucro
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