El Autismo y la Epilepsia son dos condiciones neurológicas diferentes que cursan de distinta
manera aunque comparten mecanismos fisiopatológicos comunes.
Los trastornos convulsivos, como la epilepsia, aparecen hasta en el 39% de las personas con
autismo. Es más frecuente en aquellas personas que también tienen discapacidad intelectual.
Las convulsiones asociadas con el autismo tienden a comenzar en cualquier etapa de la
primera infancia o de la adolescencia. Pero pueden ocurrir en cualquier momento.
Las personas con autismo pueden presentar diferentes tipos de convulsiones:
• Convulsiones “grand mal” o tónico-clónicas. Se pierde el sentido y la persona
se desploma, se pone rígida y tiene espasmos musculares.
• Convulsiones “petit mal”. Apenas se perciben porque los ataques son leves y
la única manifestación suele ser un parpadeo rápido o algunos segundos de mirada perdida,
aparece temporalmente ausente.
• Convulsiones subclínicas. Solo son evidentes en el electroencefalograma.
Trastornos del sueño. Los problemas del sueño son comunes entre los niños y adolescentes
con autismo y pueden afectar a muchos adultos. Suelen consistir en dificultades para conciliar
el sueño, despertares frecuentes a lo largo de la noche o despertar precoz. Suelen producir
importante disfunción familiar cuando están presentes y, en ocasiones, son el primer motivo
de consulta en casos de TEA de alto funcionamiento.
Pica. Es una tendencia a comer cosas que no son alimentos. El comer productos que no son
alimentos puede formar parte del desarrollo entre las edades de 18 y 24 meses. Sin embargo,
algunos niños y adultos con autismo y otras discapacidades del desarrollo, continúan
comiendo objetos como tierra, arcilla, tiza o pintura, fichas, etcétera. Por esta razón, es
importante hacer una prueba de los niveles sanguíneos de plomo en los pacientes que
mantienen esta conducta de forma persistente
En definitiva, se trata de una incidencia elevada que parece seguir una distribución diferente a
lo largo de la infancia y adolescencia. Por un lado, se ha establecido un pico entre el primer
año de vida y los cinco años, y uno posterior entre el inicio de la pubertad y la adolescencia.
En general la epilepsia en los niños con autismo se puede controlar con normalidad con un
tratamiento antiepiléptico adecuado. Sin embargo, se calcula que entre el 20 y el 30 por ciento
de estas epilepsias son refractarias, es decir resistentes al tratamiento farmacológico, lo cual
hace que su manejo sea más complejo.
Argelia García
Madre de una persona con Autismo
Fundadora y Directora de Tu Mundo Es Mi Mundo
Asociación sin fines de lucro
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